No conozco a nadie que prepare las presentaciones con quince días de antelación… aunque quizás es porque mis conocidos no son muy aplicados.
Yo desde luego no soy un buen ejemplo a seguir, ya que suelo terminarlas la noche antes de presentar (aunque he hecho análisis de conciencia y propósito de enmienda para este nuevo año fiscal que comenzó el mes pasado y voy a cambiar… o no).
Independientemente del tipo de presentación que hagas, el proceso de preparación suele seguir una especie de ritual (al menos desde mi punto de vista y según comenta el MVP Paul Stovell y yo he traducido libremente).
Un mes antes: Blogueo sobre ello, intento generar el máximo ruido (buzz) posible, invito a la gente que conozco a que acuda a la presentación.
Tres semanas antes: Me prometo a mí mismo que empezaré a prepararla pronto.
Dos semanas antes: Me prometo a mí mismo que este fin de semana me pondré a ello, ya que es el último fin de semana que tengo antes de la presentación.
El Fin de Semana antes: Me convenzo a mí mismo de que aún queda tiempo, y que lo puedo preparar en las noches que faltan.
Dos días antes: Me convenzo a mí mismo de que aún puedo esperar hasta mañana por la noche.
La noche antes: Me quedo despierto hasta las 3 de la madrugada preparándolo.
¡Me prometo a mí mismo que la próxima vez comenzaré a prepararlo antes!
Nota: este ritual se aplica también a la preparación de exámenes.